LOS LIBERALES Y EL MUNDO DEL TRABAJO

            Es curioso ver cómo desde posiciones filomarxistas, sindicales  y socialistas se hace una apropiación indiscriminada del mundo del trabajo con el recurso verbal al obrero y al trabajador por cuenta ajena. Parece que toda decisión política y económica, por  el mero hecho de venir de ellos tiene necesariamente que favorecer a ese mundo del trabajo tan maltratado. Sin embargo, en sus programas políticos y en las políticas económicas que realmente ponen en pràctica, se prima el consumo, la demanda, la subvención, el ocio y el gasto, sobre el ahorro, la oferta, la productividad, la competencia, y el trabajo en definitiva. La triste realidad de sus erróneas políticas acaba por perjudicar a quienes intentan favorecer y que son quienes les sustentan con sus votos en el poder. La Economía tiene sus leyes impresas en la naturaleza humana y no se puede ir por mucho tiempo en su contra si no se quiere caer en una miseria además coaccionada, esto es, que agosta la libertad individual y familiar.

          Son los pocos liberales que no han cedido al engatusamiento adormecedor de las políticas de demanda los que levantan la bandera del trabajo como motor de progreso en las sociedades donde se implanta. La competencia real y la flexibilidad y desregulación de los mercados de factores productivos donde cobra especial relevancia el trabajo cualitativamente distinto del vecino correspondiente, da lugar a que el comportamiento relativamente más idóneo y racional de ciertos individuos o empresas induzca a otros, estimulados por el éxito de aquéllos, a imitarlos para poder sobrevivir y mejor vivir.

          Es especialmente significativo este proceso en el ámbito de nuestra sociedad de la información y del conocimiento donde el desarrollo intelectual de una comunidad se basa en la rápida difusión de las opiniones sustentadas por un escaso número de personas pioneras en tal o cual innovación material, de organización, financiera o estratégica.

          Como indica Hayek, si una sociedad carente de espíritu empresarial se le permite a la mayoría abortar cuantas iniciativas pueda considerar inoportunas, poca probabilidad existe de que llegue a germinar adecuadamente el proceso espontáneo competitivo del mercado.

          Con estas novedosas, y a la vez viejas, ideas sobre la importancia del trabajo orientado a los mejores fines, los liberales se están adueñando a pasos agigantados de la defensa de la dignidad de los llamados obreros y trabajadores todos.

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